A las diez y media de la mañana, todos los bares de las calles adyacentes a la concatedral estaban ya repletos de devotos demandantes de un desayuno que los repusiera de su anticipado peregrinaje. A mediodía continuaba el flujo. Algunos en silencio y descalzos. Otros, en animada charla con sus acompañantes. No obstante, el grueso de fieles se concentra a la hora oficial. Es cuando se puede ver repleta la plaza de O Berbés. O como se confunde la gente que ya alcanza la concatedral con los que todavía no han iniciado el recorrido de dos kilómetros y medio.
La manifestación religiosa comenzó hace dos siglos, al año siguiente de que los vigueses expulsaran a los franceses de su todavía villa. Aquella victoria dio origen a esta procesión, aunque no al calificativo del Cristo, que ya se usaba en el siglo XVIII. Y la procesión ha crecido al mismo ritmo que la ciudad.
Por una paradoja del destino, aquella procesión que comenzó como una acción de gracias por la victoria sobre los franceses, tuvo este año como protagonista destacado a un compatriota de Sarkozy. Pierre Ianni, director de la planta viguesa de PSA Peugeot-Citroën, fue el encargado de portar el guión de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Victoria, un honor reservado a personajes destacados de la vida viguesa.
Pero no fue la única novedad que presentaba el bicentenario. Por primera vez, una mujer se sumaba a la cuadrilla de carreteros que portan la imagen del Cristo. Dicen que le costó veinte años convencer a la cofradía, pero ayer empujaba con la fuerza de la fe y la constancia. Curiosamente, desde hace cinco años, otra mujer preside por primera vez en la historia esta cofradía.